miércoles, febrero 04, 2009

Si estoy parado, no me toques el pito.

Hay una leyenda urbana que en resumidas cuentas dice así:

Una señora iba manejando, y cuando el semáforo se puso en verde,
la camioneta de enfrente de ella no avanzó. Ella se extrañó, pero
esperó pacientemente, y espero y esperó, pero no le pitó a la camioneta.

Después de un rato se baja una persona de la camioneta, y le dice a la
señora: "Tenga 500 pesos señora"

Muy extrañada le contesta, "Pero porque me los da?"

Le dice, "Mi compadre y yo apostamos que si usted me pitaba, me bajaba y le
disparaba" al tiempo que le muestra discretamente la pistola que trae bajo
el chaleco.

"Pero como usted no me pitó, le doy éstos 500 pesos"

Bueno, pues yo en lo personal creo que es inventado. Un cuento para disuadir
a la gente molesta que pita cuando el semáforo cambia a verde. Y las leyendas
urbanas a veces funcionan a mi favor.

Iba yo manejando rumbo a la casa, ya había pasado por Vero, y ni siquiera
traía el radio prendido así que había silencio en la fila para dar la vuelta
en el semáforo. Repentinamente empieza a pitar castrosamente el que iba atrás de mi,
un jetta blanco. No es que fueramos a avanzar enseguida porque había como 10
carros delante de mi, y no parecía traer una mujer embarazada a punto de dar a luz.

Y siguió pitando, él era canoso, de mediana edad, y le hice la seña universal
de "que quieres?" (brazo levantado, palma hacia atrás, mentón levantado).

Ya molesto yo, me quedé parado cuando empezaron a avanzar, nomás para darle a entender que si sigue pitando no me muevo.

Cuando empecé a moverme, me tardé lo más que pude para que se quedara en el rojo, pero no
lo pude dejar en el semáforo. Luego me rebasó, y de ahí en delante empecé a manejar
detrás de el, a escasos 2 metros. Por el anillo periférico. Creo que Vero se dió cuenta en
ese momento de mi intención de pitarle yo a él de regreso en el siguiente semáforo en rojo, porque la conversación se terminó, mientras veía fijamente con los ojos entrecerrados al jetta blanco castroso.

Entonces pasamos uno, pasamos dos semáforos y no nos tocó en rojo, pero para ese momento ya se dió cuenta que lo iba siguiendo cerca. Cambió el de carril, una, dos veces, y yo como espejo, como cadillo seguía pegado detrás. El último semáforo tocó en amarillo y él aceleró para pasarlo, y ya como estaba por llegar a mi casa me desvié.

Espero que don señor canoso de mediana edad haya escuchado leyendas urbanas acerca de tocar el pito en los semáforos. Porque por como veía su retrovisor mientras cambiaba carriles, diría que no esperaba que le dieran 500 pesos.